Déjame recorrer con ávidos besos
la geografía de tu cuerpo.
Sedienta de amor y deseo
beberé las aguas de tu sacramento,
sentirás en mi todo un universo.
Déjate llevar...
Dulce y sumiso caballero.
Presiona la ballesta,
hiéreme de amor con tu flecha.
Entrégate...
Mi lengua tibia y húmeda
parece un bolígrafo danzando
sobre tu piel de miel y canela.
Enmarañada a ti
en cóncavo y convexo,
subo y bajo...Bajo y subo
a tu tobogán que se pierde
en el cielo de mi bosque.
Cálida y soñada
me entrego plena y extasiada
con suave movimiento de gacela.
Nos fusionamos en destellos
de pasiones desenfrenadas.
Somos magia...
que se eleva por el aire
con sublime gozo .


Me gusto mucho este poema, intenso y lleno de pasión, gracias Ana por compartirlo.
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